Día a día más ciego, día a día más inmóvil, día a día más silencioso.
He presenciado el fin del mundo, pero lamento tener que confesar que me ha desengañado un poco, pues no fue aquel trastorno cataclismático que los más instruidos anunciaron.
Todos conocieron a Homuncio, pero ninguno lo describió. Ojos de burrito lactante, orejas despegadas, boca como borde de jarro, barbilla hundida y en la cabeza una peluca negra de pelo corto y lacio.
Me sumerjo en tu voz como en una laguna
de aguas claras al principio,
ella guarda tiernas y transparentes resonancias
de hembra plena
de dulce tierra madre.
¿Duermes Edith?... despiértate y escucha de tu cantor
la eterna despedida del que llora de amor en su partida
por que ya nunca te podrá olvidar.

¡Mira! Ahí hay una montaña.
No recéis "por navegantes y caminantes" como soléis hacerlo con una ingenua devoción cristiana.
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