November 26, 2009 | Publicado por: kantoborgy Leído 6197 veces. |
Día a día más ciego, día a día más inmóvil, día a día más silencioso.
La muerte no es más que inmovilidad taciturna en las tinieblas. Yo me muero, pues, un poquito por día, en pequeñas dosis, según la receta omeopática.
Pero aliento la esperanza de que Dios me conceda la gracia, no obstante todos mis yerros, de llegar a la postrer jornada en el goce de la integridad de mi alma.
G. Papini
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