December 04, 2009 | Publicado por: kantoborgy Leído 8712 veces. | Tell a Friend
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Ir tras el hombre que proyectará
tu espectro en mi espíritu,
conmutador de las palabras,
para arrancarle sus
reacciones interiores


Ya está el hombre, ya está acechado.
Simple, que toma café con tostadas.
Sigue la fuga del tranvía:
“¡Pare! ¡Pare!”
Escribe números, tiene mujer e hijos, se entera de que en invierno sube el precio del
carbón y en las sequías el de las patatas.
Engaña a la de él con la de otro, o sencillamente con la de todos. ¿Qué tiene en la médula
al engañarla con la de todos? Es tan hombre que no entiende del exquisito sabor de
la mujer conocida, y el camino andado tantas veces le tira del saco hacia afuera.
Con éste haré mi novela, novela larga hasta exprimirme los sesos; estirando, estirando
el hilo de la facundia para tener un buen volumen. Se venderá a 7 pesetas. Se pasmarán
ante el psicólogo erudito, conocedor profundo del corazón humano.
Pondré:
“Tocado con elegante sombrero de felpa”.
y
“Hundido en la lectura matinal de su periódico, nuestro héroe dobló hacia la larga
Avenida que, bordada de copudos árboles, desemboca en la parte alta de la plaza Mayor”.
Burilaré un manual de literatura cuerda, haciendo buen uso de mis aptitudes de narrativas;

“Un cabriolé tirado por dos elegantes caballos”.
“La señora de Mendizábal estaba en la edad en que la mujer vuelve a Dios”.
“Hacía sonar caprichosamente sobre el pavimento los tacones de sus zapatitos
Luis XV”.
“El jardinero, hombre receloso, pegó el ojo a la cerradura”.
“Tenía un perro y una perra”.
“Se sirvieron apetitosas truchas”.
“No faltó el caviar ruso”.
“Vino el espumoso champagne”.
“Cerró los ojos...”
Se venderá a 7 pesetas.
Hombre devorado por el día sincrónico, amamantado por el gregarismo, te sacaré
de los pelos una novela larga, sobre la que cenarán los editores.
Calvo y viejo, sabe el precio de la percalina, y evita a todo trance que se zurren
los niños en la sala de “las visitas”.
“Ay, Dios mío, ya no hay vida con las cocineras. Se han puesto en un estado que
no se sabe quiénes son los amos”.
“¡Con este tiempo que llevamos, lo que tendremos que comer el otro año!”
“La semana del lunes, si Dios nos da vida me voy donde el Ministro para ver qué
ha sido de lo del empleo”.
Ya está encontrado el hombre y lo acecho como un fantasma, para robarle sus
reacciones interiores.
Pero, para, que un tendero limpia su escopeta tras la puerta de la esquina.
Mi hombre pasa y
¡tan!,
un tiro le raja la cabeza.
He aquí la novela guillotinada. Un curioso profundizará su ojo con el microscopio
para buscar en los muñones que deja el cortafrío –las cristalizaciones romboidales.

Oiga, joven, no se haga soldado.........................................................

Pablo Palacio



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