La decisión fue rápida, Obe optó por escapar a su postración. Trepados ambos dragones encarnados en cuerpo humano, sobre los lomos de un rechoncho y cauchoso cuadrúpedo que sirve de transporte a los terrícolas, fueron en busca de un destino que vislumbraba ser tormentoso, almenos para Obe.
Conforme descendían la cordillera occidental, la temperatura y humedad aumentaban geométricamente, la presión de oxígeno se convertía en un suplicio. Acostumbrados a una menor presión de oxígeno en las montañas de hielo, la situación actual era soporosamente insoportable. Obe empezó a desvariar, y de no ser por Roscón hubiese saltado por la ventana y rodado sin fin hasta terminar con su funda biodegradable.
Luego de 5 horas de intensa lucha sobre el cuadrúpedo cauchoso, llegaron a una población realmente árida, llena de curiosos seres bípedos, entre los cuales sobresalía claramente la enorme cara del Orco Klovor, este ser casi extinto, era quien habría propuesto algún negocio mercachiflero a Roscón, o mejor dicho a su funda biodegradable llamada Empanado, descendiente de los reyes harineros del valle del Catamayo. El temible Aqueronte Dimitrake solía llamarlo a gritos –Empanadas!-, lo cual sonrojaba la cara bollona de Roscón.
Klovor hizo las venias correspondientes al protocolo pata los recién llegados, presentó a su prole de Orcos menores, y poco caso hizo de los cerúleos rostros de Roscón y de Obe. Como buen habitante de las maniguas y acostumbrado a sus rigores, de seguro que pensó –Estos serranitos, están a punto de cocción-.
La fuerte presión atmosférica empezó hacer efecto en Obe, pues todas las criaturas que vislumbraba en sus aventuras oníricas danzaban a su alrededor, advirtiéndole de su futura estancia en la costa. Roscón disfrutaba como nunca la danzarina silueta de las muchachas lugareñas, Klovor advirtió de los furibundos y celosos que eran los hermanos de las doncellas de esta tierra llamada -El Candente Toboso-.
El negocio en cuestión era el de automatizar procesos en fábricas y comercios del lugar, valiéndose de los esclavos de silicio. Estos estaban en rebelión absoluta, para lo cual hacia falta escudriñarles las entrañas, a lo cual Obe dedicaba todo el santo día, pues en la noche sus alucinaciones mandaban. Roscón velaba por el buen ambiente en el que deben laborar los esclavos de silicio, decía que si no les daban una dosis diaria de frío al 35% de humedad , sus entrañas empezarían irremediablemente a entablar perjudiciales reacciones con los seres del carbón, asunto que Obe resumía en dos palabras –Se pudrirán-.
Klovor se afanaba en mantener el congelador lleno de líquidos, para que sus nuevos técnicos venidos de la montaña no terminaran como él –bola amorfa y descomunal, que intercambia litros de vapor con el medioambiente- La familia de klovor, sobretodo su padre, un General retirado de las fuerzas especiales, sospechaban de Obe y de Roscón, -no son humanos- decían, y claro curiosamente ellos tampoco lo eran, por ello seguramente terminaron aceptando el negocio de su crío con semejantes dragones disfrazados de humanos.
Tanto trabajo evitaba el volar cerébrico de Obe, pero cierta noche, Klovor decidió que era hora de presentarlos ante algunos humanos de la región, pues las sospechas de que eran monstruos devoradores de bípedos aumentaba cada día. Las doncellas del lugar quedaban petrificadas ante la mirada harinera de Bollón Roscón, su mágica y descomunal dentadura, lo convertían en un amenazador color que caía sobre la región. Los parientes de las doncellas temían por ellas, pensaban acabarían tarde o temprano en las fauces de la Mancha Harinera.
Caminando por las callejuelas del candoroso pueblo, disfrutando de las luces arrebatadas llenas de sonidos estridentes, se dirigieron al bar. más concurrido del lugar, en donde se podía degustar de los sabrosos -Rompenucas Melosinos-, unos brebajes realmente helados, y mortíferos para la más resistente seca. Las féminas que disfrutaban sus coctelitos miraban con impaciencia la dentadura de Roscón, mientras Obe vagaba mentalmente por entre las congeladoras que mantenían a buen recaudo del calor , las deliciosas frutas Tobosinas, de las cuales se preparaban los brebajes –Rompenucas-. Obe vislumbraba ciertas criaturas escondidas en los rincones del lugar, escudriñándolo todo, amenazando a Obe insistentemente para que levante el vuelo y escape antes de que sea demasiado tarde. Obe pensaba que serían los enviados de Dark quienes le recordaban que debía estar postrado pues la batalla draconiana había empezado.
De repente Obe se levantó, caminó somnámbulamente hacia el frondoso bosquecillo frente al bar., se internó en las sensuales formas de la vegetación costera, empezó a disfrutar de los aromas nocturnos, de las flores tobosinas. Cuando estaba en un estado casi extático, el rostro de una dama que repentinamente apareció, terminó con su paz para toda la eternidad.
Obe continuaba con su labor cotidiana de extirpar los defectos de las entraña de los esclavos de silicio, pero su concentración estaba minada profundamente, no sabía si aquel rostro nocturno era una jugada de su imaginación, o si nuevamente estaba cayendo irremediablemente en un profundo sueño, para dar paso a Kantoborgy y sus batallas.
Optó por salir todas las tardes a recorrer los laberintos de aquel pueblo, refrescándose continuamente con los sabores espumosos de la cebada. Buscaba en los espantados rostros de los transeúntes a su hermosa doncella nocturna. Salía a pasear por los verdes exagerados de la campiña Tobosiana. Trepado sobre los lomos de un jamelgo bípedo de caucho y metal circulaba neciamente de cabo a rabo las cintas asfálticas que cruzan el pueblo. Empezó a descuidar su labor con los esclavos de silicio, Roscón tomó pacíficamente este desenfreno de Obe. Klovor parecía disfrutar con las aventuras emprendidas por Obe, pues los humanos empezaron a contar raras historias sobre Obe y ciertas espantosas criaturas que aparecían en los bosques que rodeaban al Candente Toboso. Los bosques de achotillos albergaban criaturas que los humanos temen, pues piensan que solo existen en la ficción de sus cuentos.
Ensoñando bajo los pies de un enorme árbol de Pomelo, Obe reconoció el rostro de la doncella, era el mismo rostro que Kantoborgy en una de sus batallas miró con asombro y sintió perderse en el espacio-tiempo, a lo cual Dark le increpó fuertemente.

Leonardo Vivar
tags: Hologramas+Del+Poseso, Kantoborgy

















