Me veo humano, pero me siento un conjunto de muchas vidas, una murga condenada a convivir por la fuerza de la carne. La cerebro del bípedo no discierne la amenazante pelea por controlar toda la carne del cuerpo humano.
La célula epitelial del dedo gordo del pie derecho, discrepa sobre la importancia de las células en las carótidas. Los ácidos nucléicos saben que requieren de protección carnal, pero se creen el software del cuerpo humano. Las células de las neuronas declaran la guerra a todas aquellas que viven del cuello para abajo.
Es un constante y amenazador forcejeo, no sé cuando terminaré en un amasijo de sangre y carne desperdigado por toda la habitación. Todos se lamentan de que la evolución los ha condenado a la coexistencia, por el bien de un ser más completo e independiente.
El software de todo este conglomerado de esclavos del carbón, es decir la mente, crea sus propios fantasmas, como si la lucha orgánica de cada célula especializada por tomar el control de la carne, fuera poca cosa.
Me veo humano, me sueño humano. El espejo reproduce una imagen compilada de todos los seres de carbón condenados a formar mi cuerpo y mi mente. Mi mente en sueños está eternamente encadenada a escuchar y ver cómo el individualismo de todas mis células no ha sido sometido por la evolución.
Esta murga que me constituye, solo carnalmente se ha adaptado al medio, por lo cual existo.
Leonardo Vivar
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