Trotando vas por el candente Toboso,
en pos de una piel fresca,
imaginando la flor lila y blanca,
que del arupo toma el aventurero.
Buscas donde hincar tu desencanto,
ya quieren herir el fruto del erial
tus ávidos colmillos;
ya quieren hundir su fiera amargura
en muslos tiernos,
desgarrando carne dulce
de prieta campesina.
Jadeante por la tórrida depresión tobosina,
enloqueciendo con los aromas
de Acacia macracantha,
persigues el rastro
de la sensualidad volcánica.
Sediento te zambulles en virginales aromas,
abrazando ignota hermosura,
figurando entrar en sus erógenos labios.
Lobo estepario,
trotando vas en el bosque seco de ceibas,
aspiras diletante la sinuosa desnudez arbórea.
Seducido por desconcertantes fluidos
pierdes en las turgencias de Venus Tropical,
voluptuosamente danzas en sus caderas,
ya no extrañas las máscaras de tu bosque gris
ni caminas angustiado por la loza del mendicante.
La rutilante fealdad del cemento,
tu otoño callejero,
no te azota más.
Entre la aromaticidad del palo santo
tienes hambre de enamorar y enamorarte,
fragancias te atrapan,
adolescente otra vez,
en los secretos de núbil muchacha.
Blog: Leonardo S Vivar Ayora
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