Le reciente incursión del ejército colombiano en Ecuador, dando por resultado la muerte del segundo de las FARC, Raúl Reyes y 20 guerrilleros mas, nos ha sacudido la visión de lo que pasa a nuestro lado. Este hecho arroja sobre la mesa más preguntas que certezas y desvela un complicado juego, donde las partes interesadas esconden mucho más de lo que parece.
Podríamos aventurar que el juego al que ahora asistimos, reproduce en escala local lo que ya viene sucediendo desde hace tiempo a gran escala. El juego de los términos democracia y terrorismo. ¿Que es un grupo terrorista?, ¿quien es terrorista y quien no?, ¿y que sucede una vez catalogamos a un enemigo como terrorista?
La doctrina de la política exterior norteamericana, principalmente a partir de la era Bush y el funesto 11S, ha promulgado y defendido a capa y espada la catalogación de cualquier enemigo de los USA como terrorista, y la aplicación de un nuevo código de batalla, mediante el cual, todas las convenciones adoptadas anteriormente en el marco de los derechos humanos desaparecen por tratarse de una situación especial. Aplicar ley antiterrorista permite al estado prácticamente aplicar doctrina de guerra como señala Constanza Vieria en su análisis “¿terrorismo o beligerancia?”
Las FARC, esa guerrilla campesina surgida en 1964 tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitan, sobre los restos de la guerra colombiana entre liberales y conservadores, aparece actualmente en la lista negra de organizaciones terroristas de Estados Unidos y la Unión Europea.
Hasta el momento, los países latinoamericanos, a traves de la OEA, han evadido la responsabilidad de tachar de terroristas a las FARC, a pesar de los intentos de los dos últimos gobiernos colombianos.
¿Son las FARC un grupo terrorista? Bueno, seguramente no podemos ignorar que es un grupo que emplea tácticas terroristas, como ya manifestó el secuestrado Eladio Pérez al calificar a las FARC de "grupo político militar que utiliza prácticas terroristas". Sin embargo, resulta que en el vecino estado de Colombia, desde hace ya bastante tiempo, las practicas terroristas son uso y costumbre de narcos, como Escobar Gaviria, guerrilleros, como ya esta plenamente demostrado con las FARC y el ELN, paramilitares, que no están tan desarticulados como se dice puerta afuera, y por supuesto el mismo estado colombiano, como se demostró en esta ultima ofensiva sorpresa.
En este caso, la catalogación de las FARC como grupo terrorista pasa a ser pieza clave para legitimar la internacionalización del conflicto colombiano, y la aplicación de la doctrina Bush, guerra preventiva. Sin embargo, no podemos ignorar que aquí existe un problema de fondo, una herencia no reconocida: la guerra colombiana de decenios, cuya existencia el gobierno actual no reconoce. Para éste, las FARC son simplemente "una amenaza terrorista".
Sin embargo no podemos desconocer los hechos, y los hechos son que hasta hace unos días existía un proceso de paz en marcha, que podemos juzgar de pantomima o de farsa, pero que había avanzando mas que ningún otro hasta la fecha, desembocando en la liberación de varios rehenes, entre ellos la ex - candidata Clara Rojas y la ex - congresista Consuelo González, por parte del grupo guerrillero. Y eso con la mediación de Chávez, y sin la presencia de Álvaro Uribe, el cual no debemos olvidar, salio elegido y reelegido precisamente por su política bélica en el conflicto colombiano.
Esta claro que Chávez no se iba a meter en un proceso como este sin ningún motivo. Su simpatía por el grupo guerrillero, y la necesidad de este ultimo de posicionar una imagen mas conveniente en el panorama internacional, propiciaban un escenario perfecto para llevar a cabo la liberación de rehenes. Frente a la política de línea dura del gobierno de Uribe, este proceso podía culminar en una luz de esperanza para otro tipo de políticas, lo cual, mirándolo fríamente, casi dejaba con el culo al aire el eje gobiernista colombiano. Por ende, esta situación, debilitaba aun mas la influencia y posición actual del estado norteamericano, cuyo peso y poder en la región se han debilitado enormemente en los últimos tiempos debido al auge de una nueva izquierda latinoamericana.
Obviamente tras esta estrategia Chávez perseguía varios objetivos:
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; Posicionarse en la región como nuevo líder latinoamericano
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; Reposicionar a las FARC como grupo insurgente, y no como grupo terrorista, con todas las implicaciones que eso tiene (reconocerlos como ejército jerarquizado estable con control territorial).
Por este motivo es que el 17 de febrero, Venezuela dio los primeros pasos para reconocer un estatus de beligerancia a las FARC y el ELN, lo cual es suficiente para que éstas organizaciones pueda hacer presencia pública en ese país, tener vínculos diplomáticos con el mismo y quedar amparadas por las Naciones Unidas para, por ejemplo, tratar de desplazarse a solicitar el mismo reconocimiento en otras naciones.
El estatus de beligerancia se basa en tres puntos: ejército jerarquizado, control territorial y cumplimiento del derecho internacional humanitario (DIH). En este ultimo caso se contempla el canje entre combatientes, algo tan viejo como la guerra. El problema es que desde 2000 las FARC comenzaron a tomar rehenes, es decir civiles, un acto prohibido expresamente por el DIH.
Es evidente que esta situación llego a molestar a algunas personas, principalmente Tio Sam y Sr. Uribe, ya que:
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; -->Desestabilizaba y desacreditaba al gobierno de Álvaro Uribe y su política de línea dura en el conflicto colombiano, a la vez que abría la vía para una opción de paz en el actual conflicto que provoca pesadillas a los conservadores colombianos.
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; -->Asestaba un terrible golpe a la actual influencia de Estados Unidos en la región sur, al debilitar a su principal aliado, en el que, debemos recordar, Washington invierte millonarios recursos bajo la forma de lucha contra la guerrilla y el narcotráfico.
No es casualidad que Raúl Reyes fuera el principal vocero internacional de las FARC, a cargo de este proceso. No es casualidad que el 27 de febrero las FARC liberan a los ex parlamentarios Gloria Polanco, Orlando Beltrán, Luís Eladio Pérez y Jorge Eduardo Géchem, en un nuevo gesto de "desagravio" a Chávez, quien anunciaba que continuaría trabajando por el proceso de paz en la "guerra civil colombiana", en contra de la política de Uribe. No es casualidad que este incidente se produzca en vísperas de una muy posible liberación de la candidata Ingrid Betancourt, dado su grave estado de salud. No es casualidad que las FARC buscaran la intermediación de Francia. No es casualidad que el ataque se produjera en territorio ecuatoriano.
Los mensajes entre líneas nos revelan una complicada partida de ajedrez, en la que, pese a todo nuestro horror, la mayoría de las veces las personas son usados como meros peones de tablero, al servicio de intereses mucho mas ambiciosos y descarnados. El juego del control territorial que ya tan históricamente conocemos.
La respuesta colombiana ha sido tajante. Amparados en el principio de autodefensa, es decir la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de la ONU, que establece el deber de abstenerse de otorgar cualquier tipo de apoyo a los grupos terroristas, y en especial, de impedir que utilicen sus territorios respectivos para esos fines, principio ya invocado numerosas veces por estados como USA o Israel, los uribistas convirtieron una situación defensiva en una ofensiva, y de un solo golpe acabaron con la estrategia chavista. Se acabo el proceso de paz en marcha, se acabo la vía política, e inevitablemente el terreno de juego se polariza hacia un imposible jaque en tablas. Al golpear toda posibilidad de que las FARC puedan hacer otra cosa que radicalizar su práctica, obtenemos un nuevo avance en la escala de confrontaciones entre Uribe y Chávez.
No en vano se trata de un ajedrez entre los dos vecinos mas radicales. El gobierno de carácter más izquierdista y antiyankee que actualmente existe en la región, frente al principal aliado gringo y ultraderechista gobierno de Álvaro Uribe. Detrás de Colombia, Estados Unidos, detrás de Chávez, Fidel, y años de conflicto histórico que desembocan en un escenario de cambio geopolítico a nivel latinoamericano, y un nuevo orden mundial, a luces claras, todavía impredecible.
Como ya se temen los pobres colombianos, según leemos en varias opiniones de la versión digital de Semana, a final de cuentas lo ultimo que cuenta allí es la propia situación de la gente, habas grandes se cuecen entre grandes discursos en pro de la patria y libertad.
Y en medio de todo este relajo, el pequeño Ecuador. Que a pesar de sentir afinidad y simpatía por las posiciones e ideologías de nuestro querido comandante de boina roja, dista leguas de hallarse comprometido con las FARC hasta los extremos que predica nuestro querido vecino del norte, pero que sin embargo una vez mas, por ser pequeño y tranquilo, acaba recibiendo palos de todas partes.
¿Podríamos imaginar por un momento que el gobierno de Uribe hubiera hecho lo mismo en territorio venezolano? Y tampoco es fácil imaginar que un ataque de esta magnitud y precisión haya sido realizado sin el apoyo de Estados Unidos, y su imprescindible visto bueno (animo chico yo ya lo hice en Irak y no pasa nada, el derecho internacional depende de cuan fuerte eres). Y desde luego hay que tener imaginación e ingenuidad para pensar que fue realizado sin la premeditación y fría estrategia que entraña el seguimiento de teléfonos satelitales, al parecer utilizando el proceso de canje de rehenes como señuelo. Todo esto nos da que pensar que, o bien desconfiaban del estado Ecuatoriano ya que desde hace tiempo se imaginan que este se haya en contubernio con la guerrilla, o bien, les importa un carajo el querido país vecino ya que de todas formas, “o estas conmigo o estas contra mi”.
No podemos olvidar aquí la actitud belicista del presidente Uribe que, en múltiples ocasiones y en afán de involucrar al Ecuador en un conflicto que no le pertenece, ha llevado al ejército colombiano a incursionar en territorio nacional.
No resulta desde luego muy sutil entrar a saco en un país ajeno, bajo el pretexto que sea, ofrecer unas explicaciones contradictorias, o en el caso del ministro Santos, bastante precisas, pero entre las sonrisas de caballo de sus allegados, y luego acusar al ultrajado de complots y confabulaciones que desde luego, necesitan algo mas de evidencia técnica para ser sustentadas, que documentos informáticos presentados al apuro y de forma tan intempestiva. De repente salen a la luz confabulaciones de corte novelesco, y lo desconcertante no es que Chávez le haya podido dar 300 millones de dólares a las FARC, sino que estas se hallen comprando 50 kilos de uranio, quizás con la idea de fabricar las conocidas “armas de destrucción masiva” (véase guerra en Irak para casos de este tipo). Etiquetar a las FARC como “un gran agresor internacional” es algo que recuerda demasiado sucesos bastante recientes, y tristemente celebres.
Y aquí es donde la gente se pregunta, ¿y entonces, porque Chávez toma cuentas en este entierro de forma tan virulenta si el muerto no es suyo? Bueno, pues creo que claramente podemos inferir que el muerto si es suyo, sus intereses, su estrategia y su posición. Y el que apenas un par de días después del golpe los dos mandatarios comiencen a lanzarse acusaciones tan graves no es tan solo una rabieta de última hora, sino una escalada más en el conflicto que enfrenta a los dos mandatarios mas bélicos que habitan actualmente la región sur de América. Y un nuevo golpe de tuerca en el pulso que traza el mapa de una región que hasta la fecha, ha sido victima de considerables maquinaciones de uno y otro lado para imponer un sistema que generalmente, siempre acabo al servicio del agente más poderoso de turno. Hasta la fecha, este agente es nuestro querido demócrata del norte, los Estados Unidos de América.
Hay que reconocer la enérgica y efectiva reacción del gobierno de Correa, y su actual gestión para impulsar medidas de corte diplomático ante una situación de este tipo. Y aunque la balanza comercial sea un asunto de extrema importancia, ningún gobernante que se precie puede dejar de lado un tema de esta catadura sin estar regalando la dignidad y soberanía de su pueblo, al cual representa.
Sin embargo, y para nuestro susto, también hay que reconocer que el juego ahora se haya en otra parte. Si la escala de provocaciones entre Colombia y Venezuela continua así podemos estar asistiendo al inicio de un conflicto bélico de gran escala, que para regocijo de unos pocos y desgracia de todos los demás, convierta la conflictiva situación de la región en un nuevo Vietnam, y para el Ecuador, pueda suponer una nueva Camboya.
Pedir a Uribe y Chávez que piensen en los demás seria demasiado, pero por lo menos tratemos de que el resto de gente medianamente consciente, rehuya participar en nuevas practicas armadas, ya que estas mismas, vengan de donde vengan, sean de un grupo guerrillero o de terrorismo de estado, son nefastas y catastróficas para el presente y futuro de esta región tan preciosa y jodida que es Latinoamérica, el jardín de los peligros.
Mientras tanto podemos aventurar algunas cosas al respecto:
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; -->Las FARC necesitan del proceso de paz como del mismo aire que respiran en este momento, su imagen externa depende de ello. Y si como parece, quien desmarcarse de la política de mano dura, al menos en la apariencia, Ingrid Betancourt es la pieza en juego en este momento. Aunque no sabemos cual va a ser la reacción del gobierno de Colombia al respecto.
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; -->Uribe no tiene el más mínimo interés en el proceso de paz, con lo que suponemos, su prioridad no es precisamente la liberación de Betancourt. Por encima de todo, le interesa internacionalizar el conflicto colombiano en la línea proclamada por Estados Unidos desde hace ya tiempo. Desde luego esto debilitaría al principal adversario de este tiempo, al comandante megalómano Hugo Chávez.
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; -->Estados Unidos tiene muchos intereses en juego, pero desde luego, por su historial de intervenciones democráticas en la región sur, y por la catadura moral demostrada por el inefable presidente arbusto, podemos suponer que no desaprobaría una intervención bélica en contra del nuevo peor enemigo de América. Incluso podemos atrevernos a especular que el recurso de guerra como instrumento para elecciones presidenciales no es desconocido para ciertos sectores extremos del lado conservador oscuro.
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; -->Chávez esta preparado para entrar en conflicto, y por su temperamento e historial, y por el tono de sus últimas declaraciones, parece que se muere de ganas de hacerlo.
&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp;&rbsp; -->Ecuador busca, desea y necesita la paz. Este pequeño país no esta preparado para entrar en un conflicto que ya lo ha desangrado lo suficiente, recibiendo demasiados malos tratos por parte de su querido vecino del norte. No se puede ser tan bueno en estos juegos, al final un poco de egoísmo no nos vendría mal al caso y ya va siendo hora de preguntar a Colombia, que es lo que va a hacer por Ecuador después de tanto que nos toca aguantar a causa suya. Creo que unas meras disculpas son a todas luces algo insuficiente en estos momentos.
Y por ultimo, dejar una inquietante pregunta al aire:
¿Qué pasaba por la mente de Álvaro Uribe cuando aceptó a mediados de agosto la mediación de Chávez y de la senadora opositora colombiana Piedad Córdoba para interceder en el canje de rehenes con las FARC?
joaquin.carrasco@yahoo.es
tags: FARC, COLOMBIA, ECUADOR, GUERRILLA, NARCOTRAFICO, URIBE, CHAVEZ, CORREA, VENEZUELA, NICARAGUA, JOAQUIN+CARRASCO

















