September 24, 2008 | Publicado por: kantoborgy Leído 11822 veces. | Tell a Friend
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EN BUSCA DEL ÉXTASIS (II)
Para mí, los regresos son siempre dolorosos; sinceramente, en extremo, mi deseo es quedarme en la cumbre, ante todo doy importancia a los arrebatos mentales, ello implica poner en riesgo a la gente que viene conmigo, porque estamos en la frontera entre el mundo común y el mundo que abraza al cielo y a la muerte. Aquí el sentido de la vida cambia, lo único que importa es la sensación de vacío que sentimos siendo parte del universo. Sigo bajando manteniendo tensa la cuerda que me ata a Payik y a Guslam, quien va de puntero. Realmente desciendo en neutro, la mayor parte del tiempo no pienso en nada, solo existo. Genial profesión la de: EXISTENTE.


       Payik hala la cuerda y grita:

       -¡Atento!, Shalva, déjate de ensoñar, bajas como marioneta, cuida la cuerda, si resbalamos el peso de Guslam va a llevarnos directo al campo base, hechos unos verdaderos Cristos. Más risas...

       Guslam acota:

       -Y no llegarás magulladito Shalvita, sino como un verdadero mutante frito, jajaja…

       -Carajo, ¿por qué no se callan? –digo yo.

       -En fin, hemos llegado a la boca, está bien abierta, el sol ha hecho su trabajo, pero el puente de hielo aguantará. Shalva, no te dejes impresionar por el gran ojo sobre el que la grieta cruza. No veas hacia abajo –dice PayiK, y tras un silencio añade doctoralmente-: De subida no es lo mismo que de bajada. Ahora hay mucha luz y vez el terreno tal y como es en realidad, pero es cuestión de tomárselo con calma. Yo aseguro, haré un fuerte triángulo con las estacas; mientras tú, Shalva, debes anclarte con el piolet. Entonces, primero cruza Guslam, luego yo cruzaré asegurado por ti y por Guslam del otro lado... Harás el favor de manejar bien la cuerda, novato desgraciado, si me dejas a medio puente se ha de romper y te juro que te he de llevar conmigo. Verás que no quiero morir, al menos hasta que la donosa Tantalita se case conmigo, jojojo… ¿Oíste novato?

       Guslam se tira en la pendiente de nieve y ríe a lo bestia, tal como manda la ley imprescriptible de los montañeros de esta zona. Aúlla:

       -Cuando pase Payik, si es que pasa y no se queda contemplando como el matemático de entonces… Jajaja… Te aseguramos y cruzas vos, Shalvita, eso sí nada de echarte a correr, tranquilito pasarás, como quien pisa huevos, ¿oíste novato?... ¡No serás bestia! Si te asustas y corres no te pondremos una buena calificación y te han de botar del CAP; aunque primero te has de morir, porque no te vamos a sacar de la grieta, te hemos de cortar la cuerda por shunsho. Jajaja…

       Qué ganas tengo de llenar mi boca de improperios en favor de estos mutantes, pero simplemente hago como en el centro de estudios borreguiles de antaño, asiento con la cabeza… Señor, sí señor… Luego Payik pone seguros y Guslam empieza a cruzar el puente, aprendo de su caminar, como quien pisa huevos. Una vez llegado al otro lado, éste vocea divertido:

       -Ahora les toca a ustedes, si quieren pasen los dos juntitos, que de todas formas si se caen no pienso asegurarles, jajaja-. Y, mientras observa nuestra pálida reacción, nos enseña su navaja suiza, filuda y lista para un corte limpio a la cuerda Mamut de 10mm.

       Todos empezamos a quitarnos el miedo, haciendo de la parca una burla. La tensión realmente disminuye. Manejo la cuerda para que Payik pase la grieta, creo hacerlo bien, la cuerda está congelada, tiesa como cacho de vaca, pero me las arreglo. Obviamente Guslam, y el mismo Payik, me increpan ferozmente, supuestamente sobre lo mal que hago el trabajo. Bien o mal, da igual, seguirán burlándose.

       El miedo no existe, me pregunto si será que la falta de presión de oxígeno disimula el peligro, no advertimos los riesgos que implica estar en estos terrenos fronterizos, o sencillamente no queremos reconocerlo, pues desde un inicio el escalador sabe de las posibilidades de salir ilesos o no salir...

       -Te toca novato –ordena Guslam-. Ya te dije, como que pisas huevos, y si te caes, avisarás nomás…

       Voy a iniciar mi viaje, como en sueños anhelo que sea sin retorno, no existe miedo, solo ansias por conquistar lo desconocido. Luego reconozco que en estas condiciones, en la montaña, ante las altísimas y reales probabilidades de un accidente mortal, hasta un suicida compulsivo se aferra con uñas y dientes a la vida. Me fijo en la magnitud de la grieta, realmente es descomunal, una boca desproporcionada y famélica que contrasta con el azul profundo del cielo, con el gris y blanco de las nubes que nos rodean por todo lado, y, sobre todo, con el cálido manto níveo que cubre a esta hermosa montaña llamada Horcón. Las figuras de mis compañeros, clavadas en la nieve, se ven caricaturescas, son parte del paisaje. Ellos están atentos pese a que siguen riendo a panza rugiente y profieren zanganadas.

       De repente, Payik grita:

       -Espera, Shalva, no cruces, tengo atascado el nudo dinámico...

       Guslam interviene sardónico:

       -Resulta que he subido con dos novatos, esto he de ponerlo en el informe. Y tú, Payik, por no sacarte los mitones has hecho mal el nudo, mariconcito estás. ¿Qué, acaso se te van a enfriar las manitas? ¿O te vas hacer cirujano como el PaTak?... Tranquilo allá, Shalvita, que te aseguraré con mi súper grigri, así que dale, recuerda que debes caminar como que pisas huevos, no serás bestia...

       Mientras camino sobre el puente de hielo, como quien pisa huevos, veo a ambos lados que la grieta es ancha y profunda, sus colores son élficos: crema de leche-miel, blanco espumoso, azul como el zafiro, verde esmeralda, y, finalmente, el negro color del universo. A medio puente la parca me juega una pasada, todo el puente se parte e inicio el descenso al infierno… Bello y deseado infierno, donde Luzbel desearía rodearse de aristocráticos condenados, para subir el nivel intelectual de su actual hotel de mediocres. Estoy cayendo, pero recuerdo la muerte literaria del Dr. Teodoro Morris, en Brecha de Búfalo… Caigo y lo que quiero es volar, desplegar mis alas luciferinas, sobre los demonios que me esperan… Bajando golpeo de frente y de espalda, una y otra vez, contra las paredes de la grieta, hasta que ésta se ensancha. Ahora aguanto estoicamente los trozos de hielo del extinto puente. El dolor no existe, me asombro de no sentirlo. El tiempo se detiene, es realmente relativo como dijo Einstein.

       ¿Estoy soñando?

       Me encuentro bañado en sudor y hasta el más pequeño músculo está en tensión, quiero cruzarme de la copa de un árbol a otro, lo he intentado varias veces, pero ahora decidí terminar con esto… Lleno mis pulmones y me lanzo hacia la rama de enfrente, he calculado que estos árboles de capulí tienen ramas fuertes y flexibles, que muy bien aguantarán el peso de un crío de 8 terráqueos años de existencia. Abajo, mi cuadrúpeda mascota arma tremendo escándalo, seguramente intuye las consecuencias nefastas de lo que estoy a punto de cometer. Finalmente vuelo, me aferro a la rama de enfrente, de su parte más débil, que es la más cercana… Desde ese instante, todo pasa a otra dimensión, mi vuelo es majestuoso y placentero, no hay temor, veo el mundo como un dibujo animado, mucha gracia existe en este planeta, el chicoteo de las ramas en mi rostro y cuerpo son como caricias con plumas, creo ver una hilera de hormigas trepando por el tronco del árbol de capulí y una de ellas mira asombrada mi inevitable descenso. De súbito la voz atronadora de padre me recuerda que caigo, un fuerte: Carajo, Shalvita… Y viene el golpe seco que produce el contacto de mi cuerpo con el pastoso suelo, todo se oscurece ante mis ojos, el perro Fox lengüetea mi magullado rostro. No hay dolor, tampoco miedo, solo oscuridad y calma, he caído en la inconciencia.

       Escucho voces que no comprendo, solo quiero existir de esta doble forma, pues creo ver mi cuerpo volando mientras disfruto de lo bella que es la montaña. Siento el fuerte tirón de la cuerda que hace al arnés herir mis costillas y corta instantáneamente la circulación en mis piernas, y me digo: la he cagado, me he caído, no me harán miembro del CAP, ahora si quedé como verdadero mutante. Se oscurece mi mente y formo parte del negro abismo.

       Oigo la voz de mi padre, sus volcánicas manos se han posado en mi frente: ¡Carajo, qué muchacho tan travieso! Abro los ojos, ahora tengo dolor y miedo, quisiera que mi vuelo no hubiese terminado. Mi padre me dice con voz de lejano trueno: Usted no es un mono... Empieza el proceso de eliminación de las fantasías producto del vuelo arbóreo, las múltiples conciencias del humano imperan sobre las experiencias espirituales. He vuelto al mundo.

       El cadencioso balanceo de mi cuerpo, que es producido por el constante tirar de la cuerda mediante el poli-pasto que Payik y Guslam han construido para sacarme de la sima, termina por despertarme, esta vez con la conciencia fría y tenebrosa que implica el saber que acabo de sufrir un accidente mortal. Pasa por mi mente la idea siniestra de cortar la cuerda y seguir volando, pero en seguida empiezo a reír a panza rugiente, y me digo, no soy un suicida. De hecho, en la montaña, se me quitan todas esas ganas de ir en pos de la parca, me aferro más la vida, pero en la “vida” citadina, como dijo Nietzsche: La idea del suicidio ayuda a pasar más de una mala noche...

       Guslam, deja salir con fuerza de su interior un sin fin de insultos, y yo empiezo a reír a carcajadas cuando ellos están seriotes.

       Payik vocifera:

       -Novato desgraciado, si no nos ayudas a sacarte del hoyo, te cortaremos la cuerda.

       Son frases que según los entendidos del CAP, ayudan a mejorar la fortaleza mental del caído, hiriendo con dicterios y epítetos de todo calibre, el amor propio del accidentado, le harán tomar valor para enfrentar su situación... cual fuere que sea.

       Una vez fuera de la grieta, sé que algo cambió en mi interior, Payik y Guslam lo presienten también, han tenido sus horas de vuelo. Ya tornaron a burlarse nuevamente de mí, siguiendo los preceptos del CAP. Estoy hecho un desastre, contusiones múltiples y un brazo fuera de lugar. La sangre que ha manchado la pureza de la nieve, presenta terrorífico aspecto, los cortes en la cara son escandalosos, el intenso brotar del líquido vital es de espanto.

       Guslam ríe entre palabras sueltas:

       -Ventajosamente, Shalvita, la oscuridad de la noche evitará que veamos tu feo rostro. Caíste tan mal que por poco te vas solito a charlar con Don Sata… Nos cogió la noche sacándote del hueco, tomó tiempo. Ahora todos a vivaquear en el hielo como si fuéramos osos polares, la parte más dura está por venir. Con la montaña nublada y feroz, nos es imposible intentar el descenso nocturno.

       Entretanto Payik y Guslam cavan la plataforma que serviría para pasar la noche, me eché lo que se dice una ceja larga, sencillamente me quedé dormido profundamente, y en sueños recordé vívidamente las experiencias de la infancia, que durante los relativamente eternos segundos de mi caída también pasaron por mi mente claros y completos. Luego, apoltronados en la plataforma, volví a dormir, pero no por mucho tiempo, porque a causa de mis ronquidos, que terminaron por destrozar los nervios de mis compañeros, éstos de manera muy descomedida me despertaron. La niebla se despejó, y así que los tres nos quedamos contemplando el lejano valle salpicado de luces; guardábamos silencio absoluto, el frío mordía nuestras carnes, la noche sería tan larga como el maligno quisiera, pues éste tiene la potestad de estirar las horas haciéndole honor al sabio relativista.

       Amigos, les dije, mientras lerdamente transcurrían las horas, he llegado a la conclusión que el placer que genera el estar bajo tensión y alerta, es una droga, y por ende podríamos caer en una adicción, cuyo final parece ser ayudarte a conocerte a ti mismo. Compenetrarse con las montañas, es una suerte de adicción a ellas.

       Antes desconocíamos a la montaña, ahora desconozco al ser humano y sus múltiples estados de conciencia.

       Guslam replica:

       -En adelante irás solo, novato loco.

       Payik observa:

       -De regreso al CAP, ya tendrán nuevas ideas para inquietarme a salir, pasa el espanto y el jajaja se instala, y a subir cualquier otro monte.

       Guslam concluye:

       -Shalva, si vuelves a roncar, te regreso a la grieta. Jajaja… Camina como que pisas huevos te dije, y no, dale el otro a cruzar a lo bestia... Dudo que logres tener a futuro un compañero de cordada, a no ser que al CAP ingresen dementes como el PaTak y MaquiDark. O, quizá, a los tres nos vendría bien hacer lo del literario Lovochancho, que después de trabar amistad con el legendario gótico, Kantoborgy, decidió realizar caminatas, en solitario, entre la media montaña a los tres cuartos de montaña. Dijo el supremo escalador, Kantoborgy, que el trotar entre los altos valles de las montañas también trae éxtasis, y que sienta bien a la madurez de los góticos, “ahí lo tienen al señor Olegario Castro…

Leonardo Vivar

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