Pararse antes del límite níveo,
respirar de la salud volcánica,
andar perdido en sus matorrales,
trechos agrestes de sol y de sombra;
grabar lo irrecuperable
como sí nunca fuese a perecer.
Ese movimiento de afuera hacia adentro es
quietud que da de beber a la memoria rebelde;
el paisaje que subyuga el presente del observador
no será el que lo visite mañana;
memoria efímera, otro día serás profunda,
involuntariamente, a través del heraldo que te
remita la suerte de flamantes impresiones.
Caminar y detenerse dentro de la soledad campurosa,
ver para el goce del artista en su futuro sedentario.
Las instantáneas que recogen los ojos artificiales
no hieren el alma,
es avidez fotográfica que el ser intemporal
no revelará en su laboratorio mágico;
cegando lo inmediato,
mañana recuperará lo que se difuminó con el corriente
silencio,
en la planta carnívora que deglute una mosca,
en el viento que se arremolina silbante
sobre las cuchillas plateadas.
Cesó el instante del azabache abejorro prendido
a una paja,
equilibrando su peso en ella,
juguetón con Eolo que mecía el frágil tallo
que elástico se doblaba a su musical capricho;
otro es el abejorro que asoma
posándose en azucenas gencianas,
asociándose con verdes almohadillas de páramo.
Ascendiendo de nivel en los lomos del estratovolcán,
la mariposa amarilla,
alas de ojos pardos,
contornos carmesí,
luce extraviada en el musgo gris de los guijarros.
En la base de la cresta del dragón de piedra
es la hora de un furioso otoño;
los cuernos púrpura, de lustre satinado,
alojan el furor que disuade al sujeto que pretende escalar,
desistiendo así de una fatal adherencia a la piel del reptil.
Cobijándose en el filo que divisa alegre cañada,
añora enterrar su cuerpo en tibia arena;
abajo, disipándose, yace el jardín volcánico:
fanerógamas abriéndose lúbricamente a zánganos,
festonando el suelo inhóspito con islas de color.
Ya ingiere bocadillos de panela y maní;
a falta de queso rancio, cebolla y olivos,
el pan y el vino de la saga sanchopancesca,
sólo se acompaña con el agua de vertiente:
maná del mundo erosionado.
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