De los fenómenos que provienen desde las entrañas de la tierra es común pensar en la emisión de lava, cenizas y piroclastos, sin embargo conocemos poco sobre la importancia de los gases en el fenómeno de la erupción. Los gases generan la presión que provoca la salida violenta de los materiales y es posible imaginar su presencia en los poros de las rocas volcánicas, sobre todo del pómez.
El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) estimó la emisión de hasta de 9.000 toneladas por día de SO2 en los días de mayor actividad del Tungurahua en 1999. El SO2 (óxido) suele venir mezclado con el SH2 (anhídrido) que tiene el olor característico a huevo podrido y delata su presencia.

En la aproximación a la caldera del Guagua sentimos el olor del SH2 en forma intermitente, luego de dos horas de descenso llegamos a la fumarola más grande. Pasados varios minutos terminamos de acostumbrarnos al olor, como los estudiantes de la facultad de química que pasan tardes completas en un análisis que utiliza este gas. Toda la universidad se enteraba que la facultad estaba de travesuras.


Cuando nos alejamos recordé que los gases de una erupción volcánica tienen un impacto importante en el ambiente y en el clima. Ventajosamente la magnitud de las erupciones volcánicas ha disminuido tremendamente desde las primeras eras de nuestro planeta, cuando existían erupciones de magnitud enorme que duraron miles de años. Provocaron cambios climáticos tan grandes que posiblemente son la causa de la extinción de las criaturas como los dinosaurios y sus antecesores.
Agradezco a nuestro planeta por su apaciguamiento pero a su vez por mantener estos pequeños indicios de sus fenómenos naturales.

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